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IGLESIA MADRE DE LA DIÓCESIS
La Catedral de Córdoba no es simplemente
un monumento o un templo intercultural; y tampoco una Mezquita,
sino la iglesia madre de la Diócesis. El término
"catedral" deriva de la "cátedra"
del Obispo, desde la cual ejerce como pastor de todo su
pueblo. Por eso una catedral es imagen expresa de la Iglesia
de Cristo que predica, canta y adora en tada la extensión
de la tierra. De ahí que el valor y la belleza de
la Catedral de Córdoba no resida en la grandiosidad
de su arquitectura, sino en la sucesión apostólica
del Obispo, al presentarse a los fieles como símbolo
de su servicio pastoral y de la unidad de la Iglesia, fundada
en la Palabra de Dios, en los sacramentos y en la comunidad
creyente.
La Catedral está viva, es testigo de nuestra historia.
Actúa como un libro que, para quien sepa leerlo,
descubre el mensaje del altar, de las naves, de los retablos...
enseñándonos a conocer y a amar a Dios, al
mundo, y al ser humano.
LOS ORÍGENES
Bajo toda catedral, siempre hay un lecho
de catedrales ocultas. En el caso de Córdoba, la
tradición ya apuntaba los orígenes visigodos
de la construcción.
Este dato lo han confirmado las excavaciones arqueológicas,
cuyos restos contemplamos en el Museo de San Vicente y en
la cata donde se obsevan "in situ" restos de mosaicos
del antiguo templo cristiano.
Es un hecho histórico que la basílica de San
Vicente fue expropiada y destruida para edificar sobre ella
la posterior Mezquita, cuestionando el tópico de
la tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba
del momento.
Se trataba de la iglesia principal de la ciudad, una basílica
martirial del siglo VI que siguió siendo recordada
y venerada por los cristianos siglos después de su
destrucción. 
LA INTERVENCIÓN
ISLÁMICA
Tras la irrupción islámica
en Córdoba, los dominadores musulmanes proceden al
derribo de la iglesia de San Vicente y comienzan en el año
785 la construcción de la Mezquita, un edificio que
llegará a considerarse el santuario más importante
de todo el Islam Occidental, en una época en la que
Córdoba era captal de Al-Andalus, (territorio que
se extendía hasta el río Duero). Este impresionante
recinto, que no sólo poseía finalidad religiosa,
sino social, cultural y política, atravesó
cuatro fases constructivas:
Abderramán
I: Se inspira en la Mezquita de Damasco, con la tradicional
distribución en sahn (patio de abluciones) y zullah
(sala de oración).
Pero se percibe una fuerte influencia del arte hispanorromano,
no sólo porque se aprovechan los materiales dela
derruida San Vicente, sino también porque el sentido
de las naves se traza en dirección (y no en paralelo)
al muro de la quibla, como sucedía en las iglesias
visigodas. Por otra parte, los arcos superpuestos y la alternancia
de ladrillo y piedra (rojo y beig) en el despiece de los
arcos tuvieron su modelo en el palacio episcopal cuyos restos
se hallan en el yacimiento arqueológico de Cercadilla.
Abderramán
II: Durante esta próspera etapa del Emirato
Independiente (aunque también de intensas persecuciones
al pueblo cristiano), se realizó la primera ampliación
de la Mezquita, repitiendo el esquema de su antecesor y
prolongando el patio y las naves del oratorio. En este patio
construirá el califa omeya Abderramán III
el alminar que se encuentra embutido en la actual torre
de la Catedral.
Alhakén II:
En pleno esplendor del Califato, la Mezquita Aljama recibirá
una ampliación tan rica y original que Córdoba
sustituirá a Damasco como modelo de referencia. Se
trata de una obra única, no sólo por los materiales
trabajados "ex profeso" (no aprovechados), sino
sobre todo por la presencia de artistas bizantinos enviados
por el emperador cristiano Nicéforo Focas, quien
también regaló los bellísimos mosaicos
que se utilizaron en la construcción del mihrab (espacio
sagrado junto al cual imán dirige la oración).
Hay otra aportación cristiana: la disposición
en cruz que forman el conjunto de los cuatro lucernarios
con el mihrab, asumiendo la planta de cruz latina y reafirmando
la influencia de la estructura basilical en el plan original
del edificio.
Almanzor:
Realiza la última ampliación, añadiendo
ocho naves a lo largo del lado este del edificio, incluido
el patio. Esta obra es la más extensa de todas, en
un afán de ostentación del poder. Sin embargo,
resulta poco original, ya que se limita a copiar la estructura
precedente, abaratando los costes. Por ejemplo, el efecto
de los arcos no se debe a la alternancia de piedra y ladrillo,
sino que está pintado.
LA TRANSFORMACIÓN
CRISTIANA.
El rey Fernando III el Santo reconquista Córdoba
en 1236. Fue su voluntad que, en la entrada en la ciudad,
la Cruz precediese al pendón real, simbolizando que
le importaba más la recuperación de la fe
cristiana que la conquista territorial. También prefirió
no estar presente en el ritual de purificación de
la Mezquita, para que el Rey Eterno fuese el único
protagonista de una ceremonia que convertiría cada
piedra del recinto en un lugar consagrado a Cristo.
Es evidente que los cristianos ansiaban proclamar el Evangelio
por el cual muchos habían entregado su vida. Se trataba
de recuperar un espacio sagrado al que se había impuesto
la presencia de una fe ajena a la experiencia cristiana.
Bajo el lucernario de Alhakén II, donde se celebró
la primera Eucaristia de Dedicación de la Catedral
en 1236, se erigió la Capilla Mayor de Villaviciosa.
Así, las reformas de la Catedral venían motivadas
por la necesidad de restaurar el culto interrumpido con
la dominación islámica, respondiendo al anhelo
de comtemplar signos cristianos, o a los inconvenientes
de celebrar la liturgia entre un bosque de columnas.
Capilla Mayor, Crucero
y Coro: Las obras, rodeadas de polémica, comienzan
en 1523, y se deben a los arquitectos Hernán Ruiz
I, II y III, Diego de Praves y Juan de Ochoa. Resultó
una planta de cruz latina que integra genialmente las estructuras
califales en la obra gótica, renacentista y barroca.
El retablo mayor se realiza bajo proyecto de Alonso Matías.
El Coro se cubre con bóveda inspirada en la Capilla
Sixtina, destacando la sillería de Duque Cornejo.
Las Capillas:
Son fruto del deseo de los fieles de enterrarse en la catedral,
y de poblar los muros de imágenes expresivas del
misterio de Cristo. Destacamos la Capilla Real, de yeserías
mudéjares, que contuvo los restos de los reyes Fernando
IV y Alfonso XI; la Capilla de la Purísima Concepción,
antiguo baptisterio y actual custodia del Santísimo;
la barroca Capilla de San Pablo, y tantas otras capillas
y altares que acogen un rico patrimonio artístico
fruto de la fe y devoción del pueblo cristiano. Caso
aparte es la Parroquia del Sagrario, revestida de pinturas
murales de César Arbasia que representan a los Mártires
de Córdoba como invitados a la Eucaristía,
animando a los fieles a mantenerse firmes en su fe.
El
Tesoro Catedralicio: Se compone de piezas del culto
catedralicio, usos capitulares o episcopales. Destacamos
la Custodia del Corpus Christi, de Enrique de Arfe, que
aún procesiona por las calles, testimoniando la devoción
del pueblo cordobés por la Eucaristía.
El Patio de los Naranjos
y la Torre: El patio musulmán se remodeló
con la construcción de los claustros. En el siglo
XV se sutituyen las palmeras por los naranjos que le dan
nombre. Cubriendo el alminar de Abderramán III, se
construirá la torre actual, cuyo cuerpo de campanas
se debe a Hernán Ruiz III. Lo corona una escultura
de San Rafael, arcángel custodio de la ciudad. A
la torre se adosa la Puerta del Perdón, la principal
entrada al recinto.
UNA REFLEXIÓN
Es la Iglesia, a través del Cabildo Catedralicio,
quien ha hecho posible que la antigua mezquita del califato
de Occidente, la Catedral más antigua de España,
patrimonio histórico de la Humanidad, no sea hoy
un montón de ruinas. Porque una de las misiones de
la Iglesia siempre ha sido custodiar e inspirar el arte
y la cultura.
La visita a la Catedral de Córdoba puede despertar
la exigencia de una Belleza más grande, que no se
marchite con el tiempo. Porque la belleza, al igual que
la verdad y la bondad, es un antídoto contra el pesimismo,
una invitación a gustar la vida, una sacudida que
suscita nostalgia de Dios.

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