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Vaya
el visitante preparando el vídeo o la cámara
fotográfica porque el pueblo al que llega le ofrece
una postal detrás de otra; y dispóngase a
gastar cinta o carrete sin tino, pues no resistirá
la tentación de llevarse a casa las imágenes
de uno de los pueblos andaluces que mejor conservan su tipismo,
sin esos pastiches ni añadidos con que en ocasiones
se pretende recrear lo que nunca existió.
Las
tierras de este municipio se adentran en la comarca rondeña
por las sierras de Alcaparaín (1.200 metros) y de
Prieta (1.521 metros) y se acercan al río Turón.
El terreno va pendiendo altura hacia la zona central del
territorio, donde abunda el olivar y los campos de cereales,
mientras que alrededor de la población se observa
el esfuerzo del hombre por ahormar el terreno y convertirlo
en bancales que le proporcionan frutas y hortalizas.
Aparte de algunos vestigios neolíticos que demuestran
el paso del hombre prehistórico por el término
municipal de Casarabonela, los testimonios antiguos más
importantes corresponden a la época romana. Todo
apunta a que fueron los romanos quienes fundaron el primer
asentamiento en este lugar, que denominaron Castra Vinaria,
si bien esta teoría, bastante verosímil, no
ha podido ser constatada. No obstante, quedan restos de
las calzadas que unían Casarabonela con Málaga
y Ronda, y es sabido que cuando Roma construía una
calzada, la población por la que discurría
era útil o importante, cuando no las dos cosas a
un tiempo.
Los
árabes, que jamás desperdiciaron una construcción
defensiva, ampliaron y reforzaron la vieja fortaleza romana,
y debieron de hacerlo con tanta pericia que fue precisamente
ésta la última que conquistaron las tropas
cristianas durante su ofensiva en esta zona de al-Andalus.
Y fueron también los árabes los que, a partir
del primitivo nombre romano, lo derivaron hacia la denominación
Csar Bonaira (palacio de Bonaira), que los cristianos convirtieron
en Casarabonela a partir del siglo XV.
Conquistada la villa y expulsados los moriscos tras su belicosa
sublevación, las tierras de Casarabonela fueron repartidas
entre extremeños y andaluces de otras zonas. En 1574,
Felipe II le concede el título de villa, según
consta en un documento que se conserva en el archivo municipal.
Visitas
Destacadas:
El casco urbano de Casarabonela tiene en sí mismo
el suficiente atractivo como para dedicarle una detenida
visita. El aire morisco lo invade todo –callejuelas estrechas,
laberínticas, pendientes más o menos pronunciadas
que en ocasiones son sustituidas por escalones, casas blaquísimas
de vieja arquitectura popular y espacios recoletos donde
el tiempo parece arrinconarse huyendo de cualquier agitación-.
Pero no todo es de ascendencia árabe; la tradición
cristiana es aquí evidente en las numerosas hornacinas
que, con sus correspondientes santos, son un toque de atención
a la devoción popular.
Y cristiana es la iglesia de Santiago, antigua colegiata
construida sobre una mezquita en el siglo XVI en estilo
gótico tardío y reformada posteriormente en
más de una ocasión. El templo está
enclavado en la parte alta del pueblo, a espaldas de los
restos del castillo árabe, del que aún pueden
observarse una parte de cuatro torres y algunos lienzos
de sus murallas. El templo está dividido en tres
naves separadas por arcos de medio punto que descansan sobre
pilares cuadrangulares.
El
coro y la capilla del sagrario es lo más destacado
del interior de esta iglesia. El retablo que preside el
altar mayor, donde se halla la Virgen del Rosario (talla
de madera policromada del siglo XVIII), fue realizado por
Rafael Ruiz Liébana. En el exterior de la construcción
destacan la portada con arco de medio punto y la torre de
tres cuerpos, toda enjalbegada y rematada por una cubierta
piramidal de cerámica.
La ermita de la Veracruz, felizmente restaurada en el año
2000, consta de una sola nave con un camarín profusamente
adornado con yeserías que acoge a la Virgen de los
Rondales. Su exterior presenta una portada de tres cuerpos
y una espadaña. Más arriba está el
Molino de los Mizos, un tradicional molino de aceite del
siglo XIX que conserva todos sus aperos. No lejos del entramado
urbano se puede visitar el yacimiento arqueológico
de los Villares, antiguo pueblo medieval, y dentro de los
espacios naturales conviene destacar el manantial de la
cueva de la Fuente Quebrada, la cueva de la Yesera, la pequeña
cascada de El Chorredón o la sima de la Jácara.
Cómo
Llegar:
De los dos accesos que parten de la Costa del Sol a Casarabonela,
el más aconsejable es el la carretera A-357, desde
Málaga capital a Ardales. En este pueblo se toma
la MA-446, y tras recorrer unos 12 kilómetros, hay
que desviarse por la MA-445, que desemboca en Casarabonela.
El otro acceso parte de la autovía A-7 (N-340), en
el tramo comprendido entre el aeropuerto y Torremolinos.
La carretera A-366, dirección Coín, nos conduce
hasta Alozaina, y de allí hay que desviarse por la
A-6208, que entra en Casarabonela.
Datos de
Interés:
Superficie: 114,10 Km2
Número de habitantes: 2.500 aproximadamente
Gentilicio: moriscos
Visitas Destacadas: iglesia de Santiago, restos del castillo
árabe, ermita de la Veracruz, Molino de los Mizos,
yacimiento arqueológico de los Villares
Situación Geográfica: al noroeste de la comarca
del Valle del Guadalhorce, limitando con la de Antequera
y la de Ronda. El pueblo se halla a unos 500 metros de altitud
sobre el nivel del mar y dista 48 kilómetros de la
capital de la provincia. El índice pluviométrico
de la zona supera los 710 l/m2 y la temperatura media anual
es de 17º C
Información Turística: Oficina de Turismo,
C/ Real, 5 (29566). Tlf: 952 456 067. |