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Referirse
a El Borge es hacerlo, necesariamente, a la pasa, pues no
en vano casi la mitad de su término municipal -y
por lo tanto uno de sus pilares económicos- está
dedicado a este cultivo. Y, en efecto, nada más adentrarse
en estas tierras lo primero que se observa es la abundancia
de viñas, aunque el olivar tampoco escasea.
El
pueblo está situado al pie del Cerro Cútar,
cuya máxima altura es de 595 metros, y junto al río
del mismo nombre de la localidad. Estas tierras, a caballo
entre los Montes de Málaga y la comarca axárquica,
se distinguen por las numerosas lomas que las atraviesan,
resueltas la mayoría de ellas en bancales para permitir
el cultivo de la vid. En las zonas más suaves aparece
el cereal, y ya junto al valle proliferan los huertos de
cítricos, frutales y hortalizas.
La configuración del pueblo responde al canon no
escrito pero habitualmente aplicado en las zonas montañosas
andaluzas de la sabia y dispar arquitectura popular, que
ha de adecuar al quehacer de los habitantes un terreno de
difícil solución urbanística; de ahí
las pronunciadas pendientes e incluso el empleo de los escalones
para comunicar una calle con otra, soluciones que, sin pretenderlo,
aportan al entramado urbano el encanto de lo espontáneo
y a veces de lo casi inverosímil.
El
origen del pueblo, al menos el nombre, que deriva del sonido
árabe Al Burch (torre o baluarte), data de la época
musulmana. De poblamientos anteriores no hay noticias, ni
restos arqueológicos que indiquen la huella de antiguas
civilizaciones. Cabe pensar, no obstante, que la historia
de esta localidad se ha desarrollado en circunstancias muy
similares a la de los pueblos más cercanos, como
Cútar, Comares y Almáchar, que integraban
el partido judicial de las Cuatro Villas.
Sin embargo, las crónicas recogen la contundente
resistencia que opusieron sus habitantes, tras la conquista,
a la presencia cristiana, resistencia que se tradujo en
un decidido apoyo al levantamiento morisco del siglo XVI.
Desde El Borge se ayudó a los sublevados a huir a
las Alpujarras granadinas, e incluso algunos de sus habitantes
se erigieron en abanderados de la rebelión. Todo
acabó cuando el corregidor de Vélez Málaga,
Arévalo de Zuarzo, envió una guarnición
para que sofocara los continuados desmanes.
Con la definitiva expulsión de los moriscos el pueblo
quedó prácticamente abandonado y hubo que
repoblarlo con los cristianos viejos que llegaron de otras
zonas (incluso de Bilbao, Segovia y Asturias), lo que, durante
un largo período, produjo el natural parón
en la actividad económica de la zona.
A
mediados del siglo XVII la localidad sufre los estragos
de la epidemia de peste, que diezma la población,
y cuando en el último tercio del siglo XIX el pueblo
registra la mayor densidad de población, la aparición
de la filoxera, por un lado, y el ‘terremoto de Andalucía’
(1884), por otro, actúan de manera negativa en el
desarrollo del municipio.
Visitas Destacadas:
El monumento más representativo de este pueblo es,
como en tantas otras pequeñas localidades, su iglesia
parroquial, en este caso dedicada a Nuestra Señora
del Rosario. El templo fue mandado construir por el arzobispo
de Sevilla, Diego de Deza, bajo los auspicios de los Reyes
Católicos, en el siglo XVI, sobre una antigua mezquita.
Su arquitectura pasa por una de las más originales
de la Axarquía, dada la mezcla de los estilos gótico
tardío y renacentista, a los que se les añaden
elementos mudéjares (las cubiertas de armadura de
madera) y barrocos (los camarines y la recia torre exterior
de dos cuerpos rematada por un tejado de cerámica
vidriada).
El
Arco de la Pasa, de reciente construcción, está
resuelto a la manera de la arquitectura tradicional. En
él hay instalados dos murales en los que se rinde
homenaje a dos personalidades locales: un médico
y botánico nacido en el siglo XIII y Martín
Vázquez Ciruela, canónico y teólogo.
La Fuente del Cuerno, de origen árabe y restaurada
posteriormente, se ubica en la calle del mismo nombre.
El barrio del Rinconcillo es uno de los lugares que el viajero
no debe dejar de visitar. Nada de extraordinario hay en
esta zona, en el caso de que no sea extraordinario contemplar
cómo la arquitectura popular ha sabido hacer de un
terreno en extremo dificultoso un hábitat tan sencillo
como singular. La cal, los vivos colores de algunas flores
colocadas en ventanas y balcones y algunas rústicas
escalinatas conforman un conjunto urbano de claros referentes
moriscos que subrayan los tejados a dos aguas de las casas.
Cómo
Llegar:
Existen varias vías de acceso al El Borge, todas
ellas recomendables paisajísticamente pero algunas
no demasiado cómodas por la cantidad de curvas que
presentan. Lo más aconsejable es, a partir de la
autovía del Mediterráneo (A-7; N-340), adentrarse
en la A-335 dirección Vélez Málaga.
Una vez pasada esta localidad hay que tomar la MA-145, y
posteriormente la MA-178 hasta las cercanías de Almáchar,
de donde parte la MA-148, que conduce a El Borge.
Datos de
Interés:
Superficie: 25,70 Km2
Número de habitantes: en torno a 1.000
Gentilicio: borgeños
Visitas Destacadas: iglesia de Nuestra Señora del
Rosario, Arco de la Pasa, Fuente del Cuerno, barrio del
Rinconcillo
Situación Geográfica: al oeste de la comarca
de la Axarquía, junto a los Montes de Málaga,
dista 24 kilómetros de Vélez Málaga
y 28 de la capital de la provincia. El pueblo se halla a
unos 240 metros sobre el nivel del mar, la precipitación
media es de 580 l/m2 y la temperatura media alcanza los
16,6º C
Información Turística: Ayuntamiento: plaza
de la Constitución, 1 (29718). Tlf: 952 512 033 |