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Las
tierras orientales de Málaga conforman una inagotable
fuente de inspiración para los artistas. Poetas,
músicos, escultores, pintores... todos ellos hallaron,
en la comarca de la Axarquía, el idealizado paraíso
donde plasmar sus más profundas inquietudes. Un lugar
donde la vecina naturaleza se desata prodigiosa, donde el
azul inmenso del mar se funde con los morados y los ocres
de las altivas sierras, con los suaves verdes de los cultivos
y con los centelleantes blancos de los pueblos. Un lugar
donde el interior parece esquivar el tiempo, como una ínsula
perdida en el insaciable océano del progreso.
ESENCIA
DE UN PAISAJE.
Una de las más fascinantes características
de esta comarca es la belleza de sus parajes. Radiantes,
bucólicos, desbordantes de matices, las tierras inteiores
del oriente malagueño impresionan desde el primer
momento por sus acentuados contrastes. Pocos kilómetros
separan las arenosas playas de las escarpadas cimas. Una
orografía que ha marcado indefrectiblemente su personalísima
esencia. Su vertiginoso trazado lo hace inconfundible, diferente,
lo aisla y lo arropa, lo protege y le otorga unas señas
de identidad propias.
Este medio natural, hasta cierto punto libre, tiene su más
extraordinaria expresión en las Sierras Almijara
y Tejeda, declaradas recientemente Parques Naturales. Aquí
la vida se expande al amparo de una rígida legislación
de protección medioambiental. Este macizo, que llega
a alcanzar en su cota máxima los dos mil metros de
altura, es un santuario de vida animal y vegetal único
en Europa. Más abajo, se desencadena otro ecosistema
bien distinto (el humano). Aparecen los primeros puebls,
resplandecientes, signos de una pausada y sabia civilización.
Y los cultivos. Porque esta zona de Málaga es eminentemente
agrícola. Olivos, vides, almendros, naranjos, junto
a pequeñas labranzas de tomates, lechugas, patatas
o zanahorias. Los valles surgen repletos de bancales, de
terrazas florecientes de frutos. Un oleaje de siembras que
termina desembocando en la costa.
Aquí aún es posible sentir el lento transcurrir
del tiempo. Sentarse en un prado y descansar. Admirar el
vaivén de los cerros de Cómpeta en su camino
hacia el mar, o el contorno de las secuestradas aguas del
río Guaro en el pantano de La Viñuela, o el
descenso cadencioso del arroyo Tozones desde el puentecillo
de Salares o, por qué no, el libre albedrío
de un rebaño de cabras pastando en las lomas de Alfarnate.
PAZ DE CAL
Este viaje pictórico por las profundidades de la
Axarquía se detiene, inexorablemente, en el corazón
de los pueblos blancos. Poblaciones, todas ellas, invadias
por la historia, por el arte, por el más devoto costumbrismo...
Sitios donde el silencio se alza cotidiano mientras que
las fiestas se manifiestan de las forma más estruendosa,
donde la gastronomía es una irresistible forma de
tradición y donde el acervo se respeta como elemento
sine qua non de su propia existencia.
La
ruta del aceite, la del vino, la de las pasas o la ruta
mudéjar, son breves trayectos en el espacio pero
extensos en el tiempo. La Axarquía conseva su grandioso
espíritu musulmán casi intacto. Un legado
que se plasma en la angostas y perpendiculares calles, en
los floridos patios, en las copiosas fuentes, en los sombríos
pasadizos o en los restos de castillos, mezquitas o minaretes
que testimonian la grandeza del imperio de Al-Andalus.
Uno de los más bellos vestigios de este pasao morisco
se encuentra en Salares. Es su torre alminar, perteneciente
al siglo XIII. Declarado monumento nacional histórico-artístico,
su cuidada estructura de ladrillo resalta sobre la intensa
blancura de las fachadas. Otra llamativa sinfularidad de
Salares es su casco urbano, cerrado al tráfico para
salvaguardar su callada ánima. Este reducto de serenidad
se encuentra enmarcado en un exuberante entorno, entre verdor
de lomas y caudal de ríos y arrroyos, lo cual contribuye
a consolidar esa imagen de paraíso rural.
Muy cerquita se halla Sedella. Envuelta por fecundos bancales
de frutas y hortalizas este precioso pueblo está
igualmente marcado por la indeleble huella arábiga.
Sus casas, empapadas de cegadora cal, son todo un ejemplo
de mimo. Las bungavillas y las parras rompen el monocromatismo
en los espléndidos y relucientes balcones. Destaca,
en el apartado monumental la Casa Torreón, antiguo
palacio del alcalde de los Donceles.
Algo
más allá, Canillas de Aceituno, que en árabe
significa "Los Olivares". Fácil será,
por tanto, adivinar qué árboles son los que
abrazan a esta población. Canillas es otro buen ejemplo
de sencillez en los hábitos y en las formas. Es un
pueblo testamento de cruentas batallas durante la Reconquista.
Varios aspectos sobresalen en el municipio. Primero, la
ausencia de plazas, algo inusual, no sólo en la comarca,
sino en tada la región. Luego, su Ayuntamiento, de
bello y pintoresco estilo popular y la Casa de los Diezmos,
más conocida como Casa de la Reina Mora, cuyo porte
mudéjar es uno de los más lustrosos de la
Axarquía.
Periana, situada en el nacimiento del río Guaro,
se distingue por sus escalonadas callejuelas y por sus cautivadores
rincones. Patios y plazuelas enjalbegadas con sumo cariño,
coloreadas por rebosantes macetas o por decorativos platos
de cerámica. Algunos de estos lugares resucitan labores
perdidas, caso del famoso Lavadero de Periana. Ancestral
punto de encuentro del vecindario en el cual se lavaba la
ropa sucia propia y se "sacaba la de los demás".
Federico García Lorca, en su obra Yerma, expresó
de manera cristalina los entresijos de estas reuniones de
chismosas: "En el arroyo frío / lavo tu cinta
/ como un jazmín caliente / tienes la risa".
Dispersas
por las sendas que recorren la Axarquía, el viajero
puede topar con minúsculas pedanías de infinito
encanto, con puentes de piedra que sortean riachuelos, con
níveas ermitas escondidas entre montañas o
con deliciosas ventas donde la buena mesa se hermana conla
leyenda.
Buenos ejemplos de ello son la ermita de Santa Ana o la
Venta de Alfarnate. El santuario, situado en la localidad
de Canillas de Albaida, data del siglo XVII. Se levanta
sobre una impresionante atalaya que permite divisar las
magnas sierras de Almijara y Tejeda. Por su parte, la venta
es todo un símbolo del bandolerismo romántico.
En la actualidad es un atractivo restaurante-museo en el
cual se pueden saborear las exquisiteses de los platos y
el vino autóctono rodeados de toda clase de artilugios
y emblemas del bandidaje decimonónico.
Algunoa
apuntan a que fue construida en 1690 y (ésto es ya
parte de la mitología), se asegurra que el célebre
salteador de caminos Luis Candelas interceptó aquí
un correo real, pero fue detenido y encarcelado en la celda
que aún se conserva en su interior.
Fueron estas pinceladas del oriente malagueño; un
esbozo de esta tierra que andalusies bautizaron Axarquía.
Fragmentos de este rincón del Mediterráneo
que desde tiempos remotos ha sido idealizado y capturado
por artistas de todo el mundo. Archipiélago de quietud,
de este mar de tierras en calma, que ha logrado escapar,
por ahora, a los implacables designios del tiempo. 
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