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EL
REFINADO EDÉN, VESTÍBULO TROPICAL DE MÁLAGA,
BROTA INSURGENTE Y GOZOSO COMO UN ESTALLIDO DE VIDA. UNA
JUNGLA BURGUESA QUE FUE DECORADA CON LA DISTINCIÓN
QUE PROPORCIONA LA LUJURIA FORESTAL DE LA CÁLIDA
TIERRA.
Texto Esteban Montero
Al
poco de abandonar la jungla de asfalto, cuando aún
el mar es el más atractivo malagueño que vemos
en la distancia, a mano izquierda según nos dirigimos
a las serpenteantes Pedrizas, nuestros ojos hallan el asombroso
jardín de La Concepción. Milagro verde que
atrapa al visitante en un hábitat esbozado por el
frondoso pincel que sostiene nuestro clima. Esa Málaga
tropical que hizo posible importar una constelación
vegetal dispar y que ahora constituye, de nuevo, una sipnosis
amazónica del sueño cultivado por Jorge Loring
y Amalia Heredia Livermore hace más de un siglo.
Aquel matrimonio residió en la Hacienda que aún
se encuentra en el interior del jardín botánico
y durante años se dedicó, entre otras actividades,
a importar toda clase de especies vegetales y florales que
se encontraban en los rincones más cálidos
del planeta. Las inquietudes culturales de la pareja convirtió
su enorme y exuberante hogar en un foco esencial de las
tendencias artísticas y literarias de la época.
De hecho, unas románicas placas de bronce encontradas
en la barriada de El Ejido, allá por 1851, fueron
adquiridas por esta ilustre familia y dieron pie a que se
constituyera el magnífico museo Loringiano, del cual
quedan aún importantes muestras en las entrañas
de la foresta.
Los
espléndidos jardines encontraron en Amalia Heredia
a su verdadera amante; la entusiasta creadora de un edén
particular, la constructora de una selva aburguesada que
fue mimada hasta en los más mínimos detalles.
Mucho más tarde, tras pasar por otras manos propietarias,
fue adquirido por el Ayuntamiento de Málaga que lo
acondicionó y protegió, si bien no fue abierto
al público hasta 1994.
Una sensación primitiva, casi salvaje, captura los
sentidos nada más entrar por la reja de acceso al
jardín. Una holgada avenida inserta, poco a poco
al paseante, en un espeso oasis que parece infranqueable,
sólo vencido por porfiados haces de luz que se inyectan
entre las hojas e iluminan la majestuosidad del escenario.
Una pared difusa y clorofílica flanquea este trayecto.
Plátanos de sombra, azahar de la China, arbustos
de nítido maquillaje en sus hojas o pequeñas
y níveas flores que acarician el olfaro con su escurridizo
aroma, engalanan el sendero que conduce a una lustrosa glorieta.
Alrededor, un grupo de espigadas palmeras vigila a todo
aque que cruza por el arqueado puente que salva un breve
riachuelo. En su escueta ribera, viven fabulosas especies
exóticas. Más allá, titánicos
ficus de raíces tubulares y aculebradas se agarran
al oscuro y húmedo terreno. Bajo su densa sombra,
subsisten maravillosas aves del paraíso gigante y
aflautados tallos de bambú. Pero si algo singulariza
a este fastuoso vergel, es la monstera deliciosa, vulgarmente
llamada costilla de Adán por el diseño recortado
y estrambótico de sus hojas.
En
la parte alta se descubre la Casa Palacio, un edificio clásico
de enorme belleza. Frente a la fachada principal, un estanque
circular se encuentra envadido por náufragos nenúfares
rojos y amarillos que cobijan a un niño tritón.
Tres hermosos ejemplares de cyca revoluta y un gran drago
de Canarias observan escondidos al silencioso chaval de
piedra. La cyca, sacada de su hogar en Japón, China,
Australia y la insular Java, es una de las especies botánicas
más ancianas (dicen que proviene del Mesozoico).
Una rocosa escalera, bordada con bouganvillas y rosas, permite
acceder a la pérgola o salón de baile de verano:
un envolvente túnel de abrigo violáceo, cuyo
metálico esqueleto está usurpado por leñósas
glicinas que se adhieren y se funden a la nostálgica
estructura. Hoy, la tranquila pérgola ve robado su
solariego silencio cada vez que es alquilada para cualquier
celebración.
El
crujiente camino prosigue teñido de voraces colores.
Arrogantes palmeras de distintas nacionalidades pollizcan
las nubes mientras el legendario drago de Canarias contempla,
desde su sabia senectud, la dúctil caída de
las hojas. Las aucarias reivindican, justo al lado, su supremacía
en las alturas y recuerdan, a las demás especies,
que sus troncos surcaron los siete mares a bordo de los
navíos como palos mayores. La cascada de la monstera
deliciosa brota de un prodigioso tabique viviente compuesto
de cientos de hojas que extienden sus ramas en un afán
por refrescarse a cada instante.
Unos metro más allá, salpicados aún
por el canturreo del agua y el alborotado piar de los pájaros,
encontramos el cautivador rincón de la ninfa. Ella,
con la cántara mecida en sus sólidos brazos,
mira su quieto reflejo en el opaco estanque.
El paseo de las palmeras de Canarias camina hacia el coqueto
cenador. Es un pequeño templete circular, una bella
cúpula de piel cerámica impregnada del regusto
romántico del XIX mediante glicinas e hiedras. Desde
este pomposo mirador, la capital malagueña se divisa
al completo. El sendero, tapizado con las ocres hojas blandamente
fallecidas, desciende hacia los restos del museo Loringiano.
Poco queda del antiguo esplendor de este huésfano
templo artístico de formas dóricas, pero sus
piedras continúan jóvenes, con la vanidad
propia del que se sabe noble..
La Concepción, insurrecta vorágine
dotada de la fina sutileza aristocrática, es un secreto
pro descubrir, un enigma de color esmeralda que resplandece
aún en los luminosos ojos de Málaga.
Información
de interés.
Dirección: Ctra.
de Las Pedrizas (A-45), Km. 166.
29014 Málaga.
Información telefónica: 952
252 148 - 952 250 787
Riqueza botánica:
En este jardín hay plantas pertenecientes a unas
800 especies tropicales y subtropicales, de las que 94 son
palmeras. También están representadas unas
200 especies autóctonas.
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