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EL
MAGNÍFICO COSO DE LA CIUDAD DE MÁLAGA CUMPLIÓ
EL PASADO MES DE JUNIO 127 AÑOS DE EDAD. DURANTE
ESTE TIEMPO, HAN DESFILADO POR SU ALBERO LOS MÁS
GRANDES TOREROS DEL SIGLO XX. AHORA, EN AGOSTO, EL MUNDO
DE LA TAUROMAQUIA VUELVE A MIRAR AL SUR, A SU PLAZA MÁS
MARINERA. ESTA ES LA HISTORIA DE UN SINGULAR MONUMENTO CUYA
VIDA SE ESCRIBE AL SOL CON SANGRE Y ARENA.
La ciudad de Málaga siempre estuvo
a la sombre de Ronda en cuanto a la "fabricación"
de grandes toreros. Sin embargo, ha contado desde hace siglos
con una de las más importantes aficiones taurinas
del país.
Los
espectáculos protagonizados por el toro comenzaron
en tiempos muy remotos, habilitando, al igual que en otros
muchos lugares, la plaza mayor de la ciudad para tal fín.
Aquellos improvisados recintos se defendían con armazones
de madera, plataformas y tablados, aprovechando casi siempre
los soportales que los circundaban. Aquellas antiguas plazas,
de las cuales quedan aún importantes testimonios
(como la de Chinchón en Madrid), ejercieron como
cosos hasta finales del siglo XVIII.
Orígenes
La primera plaza de toros que consta en los libros de historia
de Málaga se levantó próxima al convento
del Carmen. Era de madera y tenía capacidad para
5000 espectadores. Eso explicaría que la calle donde
estuvo aquel primer recinto taurino se llame Plaza de Toros
Vieja.
En 1817, aquella plaza fue sustituida por otra, también
de madera, y emplazada al oeste de la ciudad, junto al mar.
Allí se daban cita mayor número de aficionados,
pero al encontrarse junto a unos almacenes de vino hizo
temer que un incendio pudiera propagarse con facilidad,
por lo que fue desmontada.
El coso que sucedió a éste, erigido en la
actual Puerta Nueva, era demasiado pequeño para dar
cabida a la gran demanda taurina de la ciudad, lo que provocó
que pronto se pensara en una nueva plaza, por primera vez
de piedra. Se ubicó junto al desaparecido convento
de San Francisco y en él podían entrar 14000
espectadores. Se inauguró el 14 de agosto 1849 y
se reformó en varias ocaciones. Tan sólo doce
años después, en 1864, la corrida que estaba
anunciada se suspendió por razones políticas
y su propietario, Juan María Álvarez, decidió
demolerla.
La
nueva plaza.
Antes de que se iniciase la construcción de La Malagueta
los espectadores taurinos que se celebraban en Málaga
tenían como escenario un teatro-circo llamado de
la Victoria. Allí una sociedad constituida por aficionados
se encargaba de organizar novilladas. Debido a su escaso
aforo, tan sólo 3000 localaidades, pronto se inició
la construcción del nuevo y definitivo coso junto
al Paseo de Reding. Corría el año 1874. El
arquitecto encargado del proyecto fue Joaquín de
Rucoba.
Dos años más tarde, el 11 de junio de 1876,
tuvo lugar la inauguración de la nueva plaza. Aquella
histórica tarde se lidiaron reses de Murube y torearon
los espadas Manuel Dominguez, Antonio Carmona, "El
Gordito", y Rafael Molina "Lagartijo". Fue
una corrida triunfal que dejó dos nombres para la
historia. El primero de ellos el de Salamanquino, el toro
que abrió plaza, y el segundo el de Baratero, un
bravo ejemplar que tomó 17 puyas y mató a
siete caballos, hasta que finalmente fue estoqueado por
El Gordito. Por fin los malagueños contaban con un
coso estable y adecuado a sus pretensiones.
La
de La Malagueta, de estilo neomudéjar, es una de
las plazas más bellas de la geografía taurina
española. Con forma de polígono regular de
dieciocho lados, tiene capacidad para 14000 espectadores
y su ruedo mide 52 metros de diámetro. Para su diseño,
se siguieron los cánones de la plaza de la Puerta
de Alcalá de Madrid, modelo de casi todos los cosos
que se erigieron en la segunda mitad del siglo XIX. Desde
su inauguración, muchas han sido las reformas que
se han llevado a cabo.
En la actualidad cuenta con cuatro corrales, diez chiqueros,
una corraleta para la prueba de caballos, así como
el resto de dependencias habituales en cualquier plaza de
toros. Mención aparte merece el Museo Taurino "Antonio
Ordoñez" habilitado en su interior, el cual
recoge y compendia el arte, la leyenda y la religiosidad
que existe, no sólo hacia esta gran figura del toreo,
sino hacia un espectáculo que tantas irracionales
pasiones levanta.
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Museo Taurino.
"Antonio Ordoñez" |
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