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Buena
parte del extenso territorio antequerano puede considerarse
como el reverso del resto de la provincia de Málaga,
y así, el paisaje, exhausto de las brusquedades de
las grandes alturas y las profundas hondonadas que generan
las interminables cadenas montañosas, da la impresión
de tomarse un respiro y, sorprendentemente, allanarse en
estas tierras, que presentan la orografía menos accidentada
de toda la provincia malagueña.
Y
sobre esta llanura se extiende el municipio de Mollina,
cuyo único desnivel apreciable lo constituye la sierra
del mismo nombre, de tan modesta altitud que pasaría
desapercibida en la mayoría de los pueblos de Málaga.
Los de Mollina son, por lo tanto, terrenos apropiados para
los campos de olivos y cereales, y desde hace unas décadas,
para las viñas, de la que se extraen unos caldos
de reconocida calidad –han conseguido la denominación
de origen- y que han venido a impulsar fuertemente la economía
de esta zona.
Los primeros pobladores de lo que hoy es el término
municipal de Mollina se asentaron en este lugar en el Neolítico,
en unas cuevas situadas en la Sierra de la Camorra, a sólo
unos seis kilómetros del actual casco urbano. Así
lo atestiguan restos cerámicos y algunas pinturas
rupestres esquemáticas. No hay vestigios posteriores
a esta época hasta la llegada de los romanos, que
en esta zona dejaron una generosa muestra de su cultura.
Los
orígenes del actual conjunto urbano datan del siglo
XVI, cuando el Cabildo de Antequera reparte en el año
1575 las tierras del llamado Cortijo de la Ciudad, cuyo
trazado urbano, reformado en el siglo XVII, aún puede
observarse en la plaza de la Constitución. La villa
se desarrolla económica y demográficamente
a un ritmo tal que en menos de una centuria Mollina se convierte
en la zona con mayor número de olivos de toda la
comarca antequerana, hasta el punto de que durante un tiempo
a este territorio se le denominó Pago de las Olivas,
e incluso la iglesia parroquial, entonces de San Cayetano,
cambió el nombre por el de Nuestra Señora
de la Oliva.
El los primeros años del siglo XIX la localidad se
independiza de Antequera, cuando precisamente la situación
económica no era la más idónea para
constituir un ayuntamiento propio y cuando la cuestión
social pasaba por unos momentos de agitación, generados
por la gran participación habitantes de Mollina en
la sociedad secreta llamada de los Garibaldinos. Parece
ser que los sucesos conocidos como Revolución de
Loja (1861) tuvieron su germen en Mollina, donde hubo algunos
muertos y heridos.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, Mollina, como
tantos pueblos del interior de la provincia, sufre las consecuencias
de la emigración, y de los poco más de 5.000
habitantes censados en 1956 pasa a 2.800 dos décadas
más tarde. Afortunadamente, el movimiento asociativo
tomó un sorprendente auge en los años posteriores,
de tal modo que la zona, en poco tiempo, pasó de
olivarera a vitivinícola, y hoy produce el 80 por
ciento de los vinos de Denominación de Origen ‘Málaga’.
Visitas
Destacadas:
Los yacimientos romanos de Mollina tienen un gran interés
no sólo para los arqueólogos sino para el
público en general, que con una información
básica puede apreciar la importancia de los vestigios
encontrados. El Castellum de Santillán, a unos cuatro
kilómetros del casco urbano, es un yacimiento que
ocupa una extensión de 1.400 metros cuadrados donde
se pueden distinguir construcciones correspondientes a dos
fases.
La primera, de los siglos I y II d.C, corresponde a un grupo
de estancias articuladas en torno a dos grandes habitaciones
rectangulares. La villa –porque se trata de una villa romana-
era la vivienda de una familia que sin duda pertenecía
a la clase dominante. La segunda fase o segundo nivel, del
siglo III d.C., se construyó sobre la arquitectura
anterior y con la idea de defenderse de posibles ataques,
por lo que el recinto, de 24,5 metros de lado, quedó
amurallado y se construyeron torres en cada una de las esquinas.
El
Mausoleo de la Capuchina se halla a siete kilómetros
del pueblo, en la falda de la Sierra de la Camorra. Se trata
de un monumento funerario de base rectangular en cuya construcción
se utilizaron cantos del propio terreno con argamasa de
color rojizo. Junto a este yacimiento se han encontrado
fragmentos de cerámicas correspondientes a platos,
orzas y platos.
El convento de la Ascensión, del siglo XVIII, parece
ser que fue la edificación que aglutinó en
su entorno el trazado urbano del pueblo. En su fachada principal
destaca una puerta de estilo barroco, y en el patio interior
se encuentra la capilla. Por su parte, la iglesia de Nuestra
Señora de la Oliva, del siglo XVII y reconstruida
en el XVIII, se levanta sobre una planta basilical de tres
naves separadas por pilares cuadrados con ángulos
ochavados.
Cómo
Llegar:
Si el viajero parte de Málaga capital, ha de tomar
la autovía A-45 (N-331) hasta las cercanías
de Antequera, donde debe acceder a la autovía A-92
dirección Sevilla. De esta autovía parte un
desvío perfectamente señalizado hacia Mollina.
Datos de
Interés:
Superficie: 74,20 Km2
Número de habitantes: en torno a 3.700
Gentilicio: mollinatos
Visitas Destacadas: Castellum de Santillán, convento
de la Ascensión, iglesia parroquial de Nuestra Señora
de la Oliva
Situación Geográfica: en la comarca de Antequera,
a 16 kilómetros de esta ciudad y a 60 de la capital
de la provincia. El núcleo urbano se encuentra a
480 metros sobre el nivel del mar, la precipitación
media anual en la zona es de unos 500 l/m2 y la temperatura
media se sitúa en 15,5º C
Información Turística: Ayuntamiento, C/ La
Villa, 3 (29532). Tlf: 952 740 044; Fax: 952 740 338 |