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Cuando
un poeta de la talla de Rainer Maria Rilke, de palabra tan
exacta, la definió como “la ciudad soñada”,
sus razones tenía, y seguramente tras visitarla,
el viajero corroborará las palabras del poeta, tanto
más cuanto más alejado esté de Ronda
y la recuerde como un sueño en lugar de como algo
que ha podido palpar.
El
visitante que emprenda por primera vez el camino hacia esta
ciudad, se acercará a ella con la postal fija de
alguno de sus monumentos, de su paisaje o de algún
rincón típico de tantos como Ronda ofrece,
y nada de eso le valdrá de referencia o apenas le
será reconocible porque la realidad con la que se
va a encontrar es muy otra. Ronda pertenece a ese escogido
número de ciudades sólo comparables a sí
mismas, sin posibilidad de réplica o semejanza con
otras, algo que el viajero podrá comprobar en cuanto
se adentre en el casco histórico y vea cómo
ante sus ojos se abren una arquitectura y un paisaje deslumbrantes,
impregnados, además, de una densa carga de historia
y leyenda que desdibuja el límite entre la realidad
y la fantasía pero que afirma rotundamente la singularidad
de Ronda.
La ciudad se sitúa en una meseta a unos 750 metros
sobre el nivel del mar y aparece dividida en dos zonas por
el famoso Tajo de Ronda, una garganta de 100 metros de profundidad
y unos 500 metros de largo por cuyo fondo discurre el río
Guadalevín. En su parte occidental, esta meseta forma
un acantilado similar al que configura el propio Tajo, y
a partir de esta zona se abre un extenso paisaje de campiñas
que se extienden hasta las montañas que integran
la serranía que da nombre a la comarca.
Las pinturas de la Cueva de la Pileta (Benaoján)
atestiguan que el entorno rondeño estuvo habitado
al menos desde el Paleolítico, y restos hallados
en algunas excavaciones realizadas en el casco urbano de
Ronda señalan que en el lugar hubo asentamientos
humanos en el Neolítico. Pero es el historiador Plinio
el que enmarca a Ronda en la historia cuando en uno de sus
escritos se refiere a la Arunda del siglo VI a.C., en la
que habitaban los celtas bástulos, mientras que señala
a los íberos como fundadores de la cercana Acinipo.
Después
fueron los fenicios, los griegos, los cartagineses y los
romanos los pueblos que se establecieron sucesivamente y
en períodos de distinta duración en esta zona.
Los romanos la denominaron Laurus y levantaron el hoy desaparecido
Castillo del Laurel, desde donde vigilaban a las belicosas
tribus celtíberas. Pero fue Acinipo y no Ronda el
municipio que en aquella época tuvo una mayor importancia,
como lo demuestra el hecho de que llegó a acuñar
moneda.
Tras la desintegración del Imperio Romano, Ronda
y Acinipo sufrieron las invasiones germánicas, y
este último núcleo urbano estuvo ocupado incluso
por los bizantinos, que lo abandonaron definitivamente en
el siglo VII, cuando en Ronda entran los visigodos. Con
la llegada de los árabes, la ciudad, que pasaría
a llamarse Izna Rand Onda, empieza a adquirir cierto protagonismo
político y económico.
A finales del siglo IX y principios del X, toda la serranía
y especialmente su capital vive con intensidad la insurgencia
que Omar Ben Hafsun dirigía desde Bobastro (Ardales)
contra el califato cordobés. Posteriormente, hacia
la primera mitad del siglo XI, los bereberes, caído
el califato de Córdoba, hacen de Ronda un reino de
taifas bajo el cual la villa conocería un gran desarrollo
urbanístico.
La ciudad pierde su independencia en 1066, cuando pasa a
depender del reino de Sevilla. A partir de esta fecha y
durante casi 400 años, Ronda estará dominada
por distintas tribus del norte de Africa y finalmente por
los nazaríes de Granada. En tan dilatado espacio
de tiempo Ronda conoció períodos de expansión
y prosperidad, estancamiento e incluso regresión.
Las tropas cristianas entran en la ciudad en 1485.
La
convivencia entre musulmanes y cristianos no dura demasiado
tiempo y estalla la rebelión morisca, que en la serranía
fue particularmente belicosa, hasta la expulsión
de todos los moriscos en 1609. Como cualquier otro pueblo
malagueño, en Ronda sobreviene una época de
decadencia que durará aproximadamente hasta el siglo
XVIII, cuando la ciudad se abre al barrio del Mercadillo
con la construcción del Puente Nuevo y su famosa
Plaza de Toros.
Las tropas francesas, encabezadas por el propio José
Bonaparte, entran en Ronda en 1810 y este hecho genera un
inusitado movimiento guerrillero en toda la serranía,
movimiento que permaneció vivo incluso después
de que el ejército napoleónico abandonara
la ciudad en 1812, si bien derivó en las partidas
de bandoleros –las más famosas de toda la España
del XIX- de las que tantas leyendas e historias han surgido.
Con la inauguración del ferrocarril en 1891 y la
construcción de algunas carreteras, Ronda se incorpora
al siglo XX con un notable desarrollo socioeconómico.
Esta ciudad fue elegida en 1918 para la celebración
del Congreso Andaluz, a instancias del malagueño
Blas Infante, considerado padre de la patria andaluza. En
esa reunión se adoptaron la bandera y el escudo de
la Comunidad Autónoma de Andalucía. 
Visitas
Destacadas:
La ciudad de Ronda está integrada por tres zonas
bien diferenciadas geográfica y casi arquitectónicamente:
el primigenio núcleo romano y medieval, conocido
como la Ciudad; el barrio del Mercadillo, al norte, unido
al anterior por tres puentes sobre el Tajo y que es la zona
comercial y la de mayor expansión, y el barrio de
San Francisco, al sur, que, igual que el anterior, empezó
a construirse en el siglo XVI.
La visita a Ronda suele realizarse a partir de la plaza
de España, en el barrio del Mercadillo, donde está
situado el Parador Nacional de Turismo, antiguo Ayuntamiento.
De aquí se cruza a la Ciudad, es decir, al barrio
más antiguo, por el Puente Nuevo, sin duda la construcción
más conocida de Ronda, que surgió de la necesidad
de comunicar directamente la zona más antigua de
la ciudad con la que ya en el siglo XVIII se había
convertido en la nueva Ronda.
El puente fue abierto en 1735, pero seis años más
tarde lo derrumbó una crecida del río Guadalevín.
El derrumbe del puente causó 50 muertos. El segundo
proyecto, que es el que hoy conocemos, fue encargado a Juan
Martín de Aldehuela. Las obras comenzaron en 1751
y finalizaron en 1793. El autor recibió todo tipo
de elogios al haber conseguido que la imponente fábrica,
de 98 metros de altura, entroncara perfectamente con la
abrupta garganta del Tajo. El tablero del puente está
sostenido por tres arcos de medio punto, y sobre el central
se habilitó un espacio que en otros tiempos sirvió
de cárcel y hoy es centro de interpretación
de la gran obra de Aldehuela.
Una vez cruzado el puente, a la izquierda, se ubica el convento
de San Francisco, fundado en la época de los Reyes
Católicos y sede del Tribunal de la Inquisición
durante años. En la calle de Tenorio, a la derecha,
se encuentra la casa de San Juan Bosco, de estilo modernista,
desde cuyos caprichosos jardines pueden contemplarse unas
magníficas vistas. Muy cerca está la calle
Beato Fray Diego José de Cádiz, donde se alza
la iglesia de la Virgen de la Paz, patrona de Ronda, una
imagen del siglo XVII. Los restos del mencionado fraile
descansan en una urna de plata a los pies de la patrona,
cuyo camarín se encuentra en un interesante altar
churrigueresco.
La
visita continúa en la Casa del Gigante, una vivienda
de la época islámica perfectamente conservada
a pesar de las naturales reformas de que ha sido objeto
y que han variado parte de su estructura. Parece ser que
fue construida en el siglo XIV, fecha que algunos historiadores
sostienen por la similitud de sus yeserías con las
de la Alambra, realizadas durante el reinado de Muhammad
V. En su interior destacan el patio central, la alberca,
la sala de la crujía norte y los atauriques que decoran
los arcos que dan paso a los dormitorios.
El Palacio de Mondragón, actual sede del Museo de
Ronda y la Serranía, fue habitado en el siglo XIV,
según reza la leyenda, por el rey Abomelic, hijo
del sultán de Fez, y posteriormente por el gobernador
nazarí Hamed el Zegrí. Tras la conquista cristiana
pasó a ser propiedad de Melchor de Mondragón,
y en él llegó a hospedarse Fernando el Católico
en 1501 cuando llegó a la Ronda con motivo de la
sublevación morisca. Más tarde pasó
a manos del ministro de Carlos II Fernando de Valenzuela.
Las sucesivas reformas acabaron por eliminarle sus más
característicos rasgos árabes, pero su arquitectura
continúa siendo un ejemplo de armonía entre
líneas y volúmenes. La portada, de dos cuerpos
con pilares dóricos y jónicos y con frontón
curvo, sobresale por su elegancia compositiva. El noble
edificio se articula en torno a tres hermosos patios interiores,
uno de ellos renacentista.
La plaza mayor de Ronda durante la época musulmana
se ubicaba en la zona más alta de la ciudad, un espacio
que hoy conocemos como plaza de la Duquesa de Parcent. Durante
la dominación árabe en este lugar se situaban
los edificios principales de la villa: el alcázar,
la mezquita, el zoco, la cárcel... La ordenación
actual de la plaza corresponde a un proyecto realizado en
el siglo XIX, ampliado y embellecido posteriormente por
la Duquesa de Parcent, que encargó para este lugar
un jardín al paisajista Jean Claude Forestier, al
que se deben el parisino Bois de Boulogne y el sevillano
Parque de María Luisa. En este parque se encuentra
la estatua del músico y escritor rondeño Vicente
Espinel (1550-1624). 
Construida
sobre la antigua mezquita mayor, la iglesia mayor de Santa
María de la Encarnación fue erigida entre
los siglos XVI y XVIII, por lo que ofrece distintas soluciones
arquitectónicas correspondientes a otros tantos estilos,
algo que puede observarse con todo detalle en el interior
del templo. De la mezquita árabe conserva parte del
mihrab, cuyo arco de entrada está decorado con yeserías
de los siglos XIII y XIV. La iglesia fue iniciada en 1508
en gótico tardío, y de sus tres naves, la
central tenía una cubierta mudéjar que fue
sustituida por bóvedas semiesféricas después
del terremoto de 1580, que dañó la estructura
del templo. La cabecera, con siete capillas, está
realizada en estilo renacentista, y otros muchos detalles
son ya claramente barrocos.
Mención especial merece el coro, realizado en madera
de nogal y cedro hacia el primer tercio del siglo XVIII.
La Virgen de los Dolores, que preside un retablo, es atribuida
tanto a Martínez Montañés como a La
Roldana, en cualquier caso, dos excelentes imagineros. La
gótica fachada principal queda prácticamente
oculta por un balcón del siglo XVI, mientras que
la torre, de planta cuadrada, es de estilo mudéjar.
Junto al campanario está la Casita de la Torre, un
sucinto oratorio de estilo mudéjar en cuya decoración
se observan arcos de herradura cegados.
Donde ahora está el colegio salesiano del Sagrado
Corazón, en la misma plaza de la iglesia de Santa
María de la Encarnación, se levantaba el Castillo
del Laurel, una fortaleza mandada construir en el siglo
II a.C. por Escipión Emiliano. Los árabes
la convirtieron en alcazaba, que fue ocupada por los cristianos
y, finalmente, por las tropas francesas a principios del
XIX, las mismas que dinamitaron la fortaleza cuando, ya
en retirada, la abandonaron en 1812.
El
antiguo Cuartel de Milicias, hoy Ayuntamiento, ocupa uno
de los frontales de esta plaza. Se trata de un gran edificio
cuyos dos pisos superiores están abiertos en arcadas.
Fue construido entre los siglos XVII y XVIII, y en su interior
destacan el artesonado mudéjar de la escalera y el
salón de plenos. Otros dos edificios religiosos se
alinean en esta plaza: la iglesia de la Caridad y el convento
de Santa Isabel de los Angeles, ambos construidos en el
siglo XVI.
De la plaza Duquesa de Parcent se accede a la calle Escalona
y de ésta a la de Armiñán, que conecta
con la cuesta de las Imágenes, donde se halla la
iglesia del Espíritu Santo, levantada en el lugar
que ocupaba una torre defensiva almohade destruida durante
el asedio de las tropas cristianas. Las obras del templo
concluyeron en 1505 y el exterior de la fábrica se
distingue por su sobriedad y por el carácter de casi
fortaleza que le confieren los contrafuertes de sus altos
muros. El interior consta de una sola nace en la que se
combinan elementos góticos y renacentistas. El retablo
de la capilla mayor, de estilo barroco, alberga la pintura
titulada la Venida del Espíritu Santo y una Virgen
de la Antigua, de influencia bizantina.
En la zona sur de esta iglesia está la Puerta de
Almocábar, nombre que hace referencia a la antigua
necrópolis que había en esa zona (al-maqàbir
en árabe significa cementerio). Su construcción
se sitúa entre finales del siglo XIII y principios
del XIV. Su estructura, muy sólida, está flanqueada
por dos torreones semicirculares entre los que se abren
tres arcos de herradura. En su lateral izquierdo fue colocada
en 1965 la Puerta de Carlos V, de factura renacentista y
remata por el escudo de los Austrias.
Al otro lado de estas puertas se extiende la Alameda de
San Francisco, y en ella se levanta el convento de las Madres
Franciscanas, fundado en 1664 y reconstruido a mediados
del siglo XX. Por la calle de San Francisco se llega al
convento del mismo nombre, construido donde el Rey Católico
instaló su campamento. El convento de San Francisco,
finalizado en el siglo XVI, integra en su fábrica
elementos góticos y mudéjares. A pesar de
las necesarias restauraciones por los desperfectos sufridos
durante la invasión napoleónica y la Guerra
Civil, conserva una magnífica puerta isabelina.
En la calle de Armiñán el viajero tiene la
oportunidad de visitar tres museos muy representativos de
Ronda, el Museo del Bandolero, en el número 65, donde,
de manera visual, se narra uno de los fenómenos más
característicos y que más literatura ha generado
sobre la Ronda del siglo XIX, el Museo de la Caza (número
59), que recoge una tradición secular de toda la
serranía, y el Museo Temático Lara (número
29), ubicado en la casa palacio de los Condes de la Conquista,
que ofrece al público una notable colección
de antigüedades y diversas piezas artísticas.
Aunque
se aparte de este itinerario, cabe citar ahora el Museo
Joaquín Peinado, ubicado en el rehabilitado Palacio
de los Marqueses de Moctezuma (plaza del Gigante, s/n),
donde se reúnen unas 200 obras, entre óleos,
acuarelas, dibujos y obra gráfica, de este artista
rondeño, uno de los más significativos representantes
de la Escuela de París.
En la confluencia de las calles Armiñán y
Marqués de Salvatierra, sale al paso el alminar de
San Sebastián, integrado en una mezquita del siglo
XIV que fue convertida en iglesia cristiana bajo la advocación
de este santo, pero el templo ya no existe. El minarete
es de planta cuadrada y en su cuerpo inferior conserva un
precio arco de herradura bajo un dintel con dovelas. El
resto de la construcción es de ladrillo, entre los
que se puede observar restos de los azulejos empleados en
su decoración.. El cuerpo superior fue construido
más tarde para utilizar la torre como campanario.
Al este del barrio de la Ciudad se levanta el Palacio del
Marqués de Salvatierra, cuya actual arquitectura
es fruto de las reformas efectuadas en el antiguo caserón
durante los siglos XVII y XVIII. En la portada llaman poderosamente
la atención las columnas corintias y el espléndido
balcón de forja, mientras que en el interior son
de admirar los jardines, la capilla, el mobiliario y el
brocal del pozo que hay en el patio.
En la calle de Santo Domingo, junto al Palacio de Salvatierra
y el convento que le da nombre a la calle, se encuentra
la Casa del Rey Moro, cuyo nombre se debe a un azulejo en
su portada que representa a un rey musulmán. Su fábrica
es del siglo XVIII, pero el aspecto que ofrece hoy es el
resultado de la reforma realizada por la Duquesa de Parcent
a principios del XX. Sus magníficos jardines fueron
diseñados por Jean Claude Forestier.
Una escalera de 60 metros excavada en la roca conecta estos
jardines con el manantial de la Mina, que vierte sus aguas
al río Guadalevín y del que los musulmanes
supieron sacar un buen rendimiento, habida cuenta de la
falta de agua que había en la ciudad debido a la
altitud a la que se encuentra. Esta obra árabe resultó
de capital importancia durante el asedio de Ronda por parte
de las tropas cristianas.
Tras el derrumbe del Puente Nuevo, se opta por renovar la
entrada del Puente Viejo, que volvería a convertirse
en la principal vía de comunicación entre
la Ciudad y el barrio del Mercadillo. Así, la antigua
Puerta del Puente fue sustituida por otra de estilo neoclásico
que recibiría el nombre de Arco de Felipe V. Junto
a este arco se encuentra el popular Sillón del Rey
Moro, desde el que se dominan una hermosas vistas. 
Por
el Puente Viejo, construido en 1616 y reformado últimamente
en 1961, se accede a la calle Real, y desde ella se llega
al núcleo antiguo del barrio del Mercadillo, surgido
extramuros de la Ciudad para eludir los altos impuestos
que tenían que pagar los comerciantes en la entonces
ciudad propiamente dicha. Con el tiempo, esta zona sería
la que marcara la pauta comercial de Ronda.
En la calle Real está la fuente de los Ocho Caños,
levantada al mismo tiempo que la Puerta de Felipe V. Se
trata de una sencilla y bien equilibrada construcción
en piedra que luce el escudo de la ciudad en un frontón.
Consta de dos frentes, uno con los ocho caños y otro
que sirve de abrevadero. Junto a la fuente se levanta la
torre de la iglesia del Padre Jesús, con una hermosa
espadaña renacentista. El tempo fue construido en
el siglo XVI, pero su decoración interior, a base
de yeserías, corresponde al siglo XVIII. El convento
de Madre de Dios, adosado a la iglesia antes mencionada,
también fue levantado en el XVI y en su fábrica
confluyen elementos gótico-renacentistas y mudéjares.
Si desde este punto ascendemos por la calle Santa Cecilia,
nos encontramos con el templete de la Virgen de los Dolores,
en la esquina de la calle del mismo nombre. Es una curiosa
y artística obra de 1734 que alberga un retablo con
una pintura de la imagen de la Virgen. En dos de sus columnas
hay representadas cuatro figuras ahorcadas, relacionadas,
sin duda, con las ejecuciones públicas que se realizaban
siglos atrás.
En la plaza de los Descalzos, a la que se llega por la calle
de los Dolores, se levanta la iglesia de Santa Cecilia,
construida en el XVII, si bien su llamativa portada barroca
corresponde al XVIII. Por la calle Carrera de Espinel llegamos
a la iglesia del Socorro, de grandes dimensiones y realizada
en estilo neobarroco tras la destrucción de la anterior
fábrica dieciochesca.
La Real Maestranza de Caballería de Ronda, la primera
de las que fundó Felipe II para el adiestramiento
militar y ecuestre de los nobles -un adiestramiento que
también incluía festejos taurinos-, tuvo su
primera sede en la plaza Mayor, y dos siglos después
procede a la construcción de la Plaza de Toros, según
un proyecto de Martín de Aldehuela, que también
diseñó el Puente Nuevo. En su portada, neoclásica,
destacan dos poderosas columnas toscanas que soportan un
frontón partido en el que aparece el escudo real.
Todo ello enmarca un estilizado balcón de forja adornado
con elementos taurinos.
El graderío tiene capacidad para 5.000 personas y
cuenta con la particularidad de estar totalmente cubierto:
136 columnas toscanas soportan una doble arquería.
Otra de las singularidades de esta plaza es que la barrera
está realizada en piedra.. El coso fue inaugurado
en 1875 con una corrida en la que tomaron parte Pedro Romero
y Pepe Hillo, dos auténticas leyendas del toreo.

En
los bajos de la plaza se ubica el Museo Taurino, dedicado
principalmente a las dos grandes dinastías de toreros
rondeños: los Romero y los Ordóñez.
La Plaza de Toros rondeña es el segundo monumento
más visitado de la provincia de Málaga (más
de 400.000 personas al año), tras la Cueva de Nerja.
Justo al lado de la Plaza de Toros se extienden los jardines
de Blas Infante, donde tiempo atrás estuvo ubicado
el primitivo teatro Espinel, sede del Congreso andaluz de
1918. Este espacio verde se prolonga por un paseo de cornisa
que bordea la meseta a casi 200 metros de altura sobre el
valle del Guadalevín con unas inmejorables vistas
de buena parte de la comarca de Ronda. El paseo continúa
por la Alameda del Tajo, donde se alza la iglesia de la
Merced, que guarda el brazo de Santa Teresa, tan querido
por el dictador Franco que lo incluyó en su particular
relicario.
En este entorno se halla el hotel Reina Victoria, construido
en 1906 por Lord Farrington, un auténtico pionero
del turismo británico. En una de sus habitaciones
se alojó el poeta austríaco Rainer Maria Rilke
entre 1911 y 1912. Su habitación conserva el mobiliario
original y algunas fotos y cartas del poeta que dedicó
a Ronda algunos de sus escritos.
A unos dos kilómetros del casco urbano se encuentra
el monasterio mozárabe de la Virgen de la Cabeza,
un conjunto que incluye viviendas para monjes, celdas para
una pequeña comunidad y una iglesia excavada en la
roca, obra realizada en los siglos IX y X por los cristianos
en tiempos de la dominación árabe. El sencillo
templo consta de tres naves, una principal con un altar
al fondo, una segunda también con un altar, a cuyo
pie hay una abertura que da paso a la cripta, y una tercera
que haría las veces de sacristía.
Por su interés histórico y artístico
se han dejado para el final del itinerario los Baños
Arabes y las ruinas de Acinipo, si bien este último
yacimiento no se encuentra en la ciudad sino en sus alrededores.
Los
Baños Arabes, situados en la zona de la antigua judería,
fueron construidos a finales del siglo XIII o principios
del XIV. A pesar de su extraordinario interés arquitectónico,
fueron abandonados –la moral cristiana no permitía
ciertas prácticas-, y las crecidas del río
Guadalevín acabaron sepultándolos. Al encargar
la Duquesa de Parcent la construcción de unos jardines
en esta zona, aparecieron los primeros restos de los baños,
pero tampoco se tuvieron en cuenta, hasta que en 1935 el
yacimiento fue adquirido por el Estado.
Las excavaciones realizadas hasta ahora han permitido rescatar
las tres salas de baño (fría, templada y caliente)
y las cubiertas con bóvedas de cañón,
que se comunican por arcos de medio punto. Las bóvedas
de los baños están horadadas por tragaluces
en forma de estrella, que tamizan la luz y crean en el interior
una penumbra muy a propósito para el descanso. Se
conservan parte de las calderas y de los sistemas de conducción
de agua, y los expertos coinciden en señalar que
se trata de uno de los baños de esa época
mejor conservados de toda España.
Tradicionalmente y por error, el yacimiento romano de Acinipo
fue llamado Ronda la Vieja al existir la creencia de que
éste fue el primer emplazamiento de la ciudad, teoría
que luego se ha demostrado falsa. Está situado a
21 kilómetros de Ronda, en una meseta con una altitud
media de 980 metros sobre el nivel del mar, desde donde
se contemplan unas amplísimas panorámicas
de la comarca. Según Plinio y Ptolomeo, Acinipo pertenecía
a la Beturia Céltica, pero en tiempos romanos se
convirtió en una de las principales ciudades de la
Bética.
De la antigua ciudad romana sólo
se conserva el teatro, construido en el siglo I a.C sobre
un desnivel del terreno, al modo griego, y de ahí
que la cávea esté esculpida en la roca. En
aceptable estado de conservación se encuentran buena
parte de las gradas, la orquesta y el frente de la escena,
realizada en sillería de granito sin argamasa. También
se han encontrado restos de unas termas, de dos viviendas
y del templo oficial, la basílica y los pórticos.
Cómo
Llegar:
Desde la Costa del Sol hay tres vías de acceso a
Ronda. Una de ellas parte de Málaga capital, donde
hay que tomar la carretera A-357 dirección Campillos.
Tras haber dejado atrás la localidad de Ardales,
a unos seis kilómetros, hay que acceder a la A-367
que, después de pasar por Cuevas del Becerro, conduce
directamente a Ronda.
Otra vía de las vías de acceso parte de San
Pedro de Alcántara. De la AP-7 (N-340) sale la carretera
A-376, que no hay que abandonar hasta llegar a la Ciudad
del Tajo. Este es el acceso más utilizado por quienes
parten de la Costa del Sol Occidental. Es una carretera
en buen estado, no exenta de curvas y con un espléndido
paisaje.
Datos de
Interés:
Superficie: 477,50 Km2
Número de habitantes: en torno a 35.000
Gentilicio: rondeños
Visitas Destacadas: Puente Nuevo, Convento de San Francisco,
Casa de San Juan Bosco, Iglesia de la Virgen de la Paz,
Casa del Gigante, Palacio de Mondragón, Plaza Duquesa
Parcent, Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación,
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romano de Acinipo.
Situación Geográfica: al norte de la comarca
de su mismo nombre, entre los parques naturales de la Sierra
de las Nieves, Grazalema y Los Alcornocales. El núcleo
urbano se encuentra a 740 metros de altitud sobre el nivel
del mar y dista 113 kilómetros de la capital de la
provincia. La zona registra una precipitación media
de 650 l/m2 y la temperatura media anual alcanza los 15º
C
Información Turística: Ayuntamiento, plaza
Duquesa Parcent, s/n (29400). Tlf: 952 873 240; Fax: 952
875 441. Oficina de Turismo, Paseo Blas Infante, s/n. Tlf:
952 187 119 
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