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ESTE
EXUBERANTE MACIZO, A CABALLO ENTRE CADIZ Y MALAGA, ES EL
LUGAR MAS LLUVIOSO DE LA PENINSULA IBERICA, ESTA SORPRENDENTE
CUALIDAD EXPLICA EL EXTREMADO VALOR NATURAL DE ESTE PÀRAJE,
DECLARADO POR LA UNESCO RESERVA MUNDIAL DE LA BIOSFERA.
La lluvia. Siempre tan milagrosa como imprevisible.
Una riqueza incalculable, un regalo caído del cielo
que, en el sur de España, la naturaleza ofrece en
demasiadas ocaciones con irrazonable cicatería. En
Andalucía siempre se hizo de rogar, menos aquí,
en la excepcional (en todos los sentidos) Sierra de Grazalema.
Porque éste es el punto de la Península Ibérica
con mayor volumen de precipitaciones al año: 2.200
l/m2 de media.
En
esta increible zona de 52.000 Ha. el agua cae a mansalva,
con una fuerza y una celeridad casi monzónica. Ello
aclara el porqué de su accidentado relieve, bordado
de cañones, cuevas, gargantas, valles, cornisas y
taludes. Su disoluble poder ha sido el causante de esta
lentísima violencia geográfica. Millones de
años de perseverante desgaste han creado un hábitat
generoso, un refugio casi inconcebible (dada la cercanía
humana) de animales y plantas. Grazalema, fruto de los últimos
coletazos occidentales de la Cordillera Bética, es
uno de los pocos bosques intactos que quedan en España.
Una de las últimas reservas protegidas del continente
europeo. Pese a que pueda parecer que esta sierra conforma
una especie de isla climática (cabe recordar que
a poco más de 300 kilómetros se encuentra
el lugar más seco de España: el desierto de
Tabernas en Almería), hay que matizar que contiene
características propias de su entorno, ésto
es, mediterráneas, con veranos sedientos e inviernos
lluviosos. Cabría preguntarse entonces qué
circunstancias confluyen para que sea ésta, y no
otra, la zona más tormentosa del país. La
razón hay que buscarla en su situación. Al
levantarse justo entre el Mediterráneo y el Atlántico,
se convierte en el primer muro geológico en el cual
chocan los vientos húmedos y templados del Golfo
de Cádiz. Bruscamente, ascienden hasta los 1.600
metros de altitud, lo que provoca la condensación
del vapor de agua y, por tanto, la creación de grandes
masas nubosas.
Land ahead
Durante mucho tiempo, la Sierra de Grazalema significó
todo un hito físico y sentimental para los navegantes,
pues era el último lugar de España que conseguían
divisar en su camino a América, y el primero en atisbar
a su regreso.
Trece
son los municipios que se integran dentro de este parque
natural. En la provincia de Cádiz, Grazalema, Zahara
de la Sierra, Villaluenga del Rosario, Benaocaz, Ubrique,
El Bosque, Prado del Rey, El Gastor; y dentro de Málaga,
Benaoján, Montejaque, Cortes de la Frontera, Jimena
de Libar y Ronda. Casi todos con un denominador común:
la cal. Motas blancas encaramadas a las rocas, entre intensos
verdes y grises. Uno de sus más apreciables legados
es su masa arbórea: encinas, alcornoques, quejigos,
y, sobre manera, el pinsapo, reliquia botánica del
Terciario que sólo puede encontrarse en el cono sur
penínsular. Quizás más impactantes
sean sus tajos y grutas, como la Garganta Verde, con una
caida de más de 400 metros, o la caverna de Hundidero-Gato,
con cinco kilómetros de galerías y ríos
subterráneos. O su fauna, integrada por águilas,
buitres leonados. azores, halcones, ciervos, jabalíes
o nutrias.
De
vuelta a la "civilización", es conveniente
reseñar la riqueza cultural de estas poblaciones:
su excelente y variada gastronomía, sus peculiares
fiestas o sus ancestrales modos artesanos, materializados
en la fabricación de mantas, utensilios de esparto,
marroquenería y piel curtida.
La Siera de Grazalema es la capital española del
chubasco. El pequeño imperio de chaparrón,
la hija mayor del aguacero, cuya virginidad es defendida
para evitar que sea ultrajada como en tantos otros lugares.
Una castidad bien entendida, donde hombre y naturaleza se
esparcen sin bruscos codazos, con el fin de asegurar un
futuro de convivencia dentro de esta maltratada y azul biosfera
llamada Tierra.
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