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Si
de algo puede presumir la Sierra de las Nieves es de la
enorme riqueza natural que alberga. Una infinidad de especies
animales y vegetales pueblan todos y cada uno de los rincones
de este entramado de sierras, montes y campos. Algunas de
esas especies prácticamente son únicas en
el mundo, como el pinsapo o el quejigo de montaña,
otras, como la cabra montés o la nutria, aunque también
están presentes en otros muchos lugares, mantienen
en esta Reserva de la Biosfera poblaciones estables y con
garantías de conservación.
Pero
lo que más llama la atención del conjunto
de la Sierra de las Nieves y su Entorno es la variabilidad.
Variabilidad en todos los sentidos. En el sentido geológico,
en el de paisaje, en el climático, en el faunístico
y sobre todo en el botánico. Y es que en la Sierra
de las Nieves se ponen en conjunción una serie de
factores que explican toda esa variabilidad.
A la situación de la comarca, a caballo entre tres
áreas geográficas bien diferenciadas, la Serranía
de Ronda, el Valle del Guadalhorce y la Costa del Sol Occidental,
y claramente influenciada por el Mar Mediterráneo
y por el Océano Atlántico, se une una complicada
orografía y un enorme gradiente altitudinal, que
en pocos kilómetros pasa de los 100 metros sobre
el nivel del mar a los casi 2.000 metros de las cumbres
más altas.
Ello provoca la existencia de una infinidad de microclimas,
causados por diferencias palpables en cuanto a temperaturas,
precipitaciones, orientación y exposición
al sol, etc.
Pero además, la complejidad de la geología
de la zona es digna de admiración. Materiales magmáticos,
como las peridotitas, metamórficos, como esquistos,
filitas o pizarras, y sedimentarios, como las grandes masas
de calizas o las areniscas y arcillas más recientes,
se mezclan entre sí de tal forma que sólo
los más expertos geólogos son capaces de interpretar.
Todos estos materiales originan, una vez expuestos a las
diferentes condiciones climáticas y a la acción
de los seres vivos, una variedad asombrosa de suelos y sustratos
que influyen poderosamente en la vegetación que se
puede asentar en ellos. Por último, el tiempo también
ha dejado patente su influencia. Pero el tiempo medido en
la escala de los miles y millones de años. La situación
de frontera entre las placas tectónicas Africana
y Euroasiática, así como las grandes variaciones
climáticas de la historia, han confluido de tal forma
que en la actualidad en esta área se encuentren conjuntamente
elementos de origen alpino, subtropical y norteafricano.
Posteriormente cada uno de ellos ha ido desarrollando su
propia historia desembocando en la presencia de una gran
diversidad de endemismos, de entre los que destaca sobremanera
el propio pinsapo.
Por tanto, la conjunción de todos estos factores,
el sustrato, la altitud, la temperatura, la exposición
al sol, las precipitaciones, el viento etc., motivará
que cada zona concreta presente características propias
y con ello se asienten diferentes comunidades vegetales,
lo que finalmente también determinará la fauna
presente.
MAMIFEROS
Pocos son los mamíferos ibéricos que no están
presentes en la actualidad en la Sierra de las Nieves. La
especie más emblemática es, sin duda, la cabra
montés, que encuentra en las escarpadas montañas
de la comarca un hábitat ideal. El corzo se localiza
únicamente en los tupidos alcornocales de la parte
sur de la Reserva, donde vive una pequeña población
rigurosamente protegida. Por su parte, el jabalí
está más extendido por toda la zona, si bien
en la mayoría de los casos se trata de ejemplares
híbridos procedentes de cruces con cerdos domésticos.
Gamo y muflón completan el grupo de especies de ungulados,
si bien estos últimos sólo se encuentran en
algunas fincas privadas con fines cinegéticos.
Del
grupo de los carnívoros únicamente faltan
los de mayor tamaño, oso, lobo y lince. La nutria
sí está presente, alrededor de todos los cauces
permanentes de agua, al igual que el pequeño turón.
Ginetas, garduñas y comadrejas viven sobre todo en
los bosques, en tanto que tejones, meloncillos y gatos monteses
lo hacen en los matorrales. El astuto zorro puede ser localizado
desde las inmediaciones de los pueblos hasta las cumbres
de las sierras. Aunque sus poblaciones han sido duramente
castigadas por varias enfermedades, el conejo, al igual
que la liebre, sigue siendo abundante en algunas zonas.
También abundan, y representan la base alimenticia
principal de carnívoros y aves rapaces, algunos roedores
como la rata común, de campo y de agua, el ratón
de campo y casero, el topillo, el lirón o insectívoros
como topos, erizos, musaraña y musarañitas.
Por último cabe también destacar la presencia
de hasta ocho especies de murciélagos, algunas de
ellas muy ligadas a las cuevas, como el de herradura, el
común, el ratero, el orejudo y el troglodita, o menos
cavernícolas, como el murciélago hortelano
o el nóctulo.
Flora
Como ya se ha comentado la riqueza natural de la Sierra
de las Nieves coloca a este enclave entre uno de los de
mayor importancia del mundo tal y como queda demostrado
con la declaración de este territorio como Reserva
de la Biosfera. Sin lugar a dudas, la mayor parte de esa
riqueza natural reside en la vegetación que se presenta
en ella. En anteriores capítulos se ha culpado a
la combinación de una enorme variabilidad climática,
edafológica y de altitud como las razones fundamentales
de originan esa riqueza. Incluso se han descrito los principales
ecosistemas que se distribuyen a lo largo y ancho de la
Reserva, los cuales albergan comunidades vegetales más
o menos complejas.
Dada
esa variabilidad, especialmente el gradiente altitudinal,
las temperaturas y la cuantía y periodicidad de las
precipitaciones, y enlazándolo con el tipo de vegetación
que se presenta en cada una de las diferentes áreas,
en la Sierra de las Nieves podemos distinguir cuatro de
los cinco pisos bioclimáticos establecidos para el
clima mediterráneo, cada uno de ellos con elementos
vegetales propios:El termomediterráneo, aproximadamente
hasta los 900 metros de altitud, y que se caracteriza por
la ausencia de heladas durante el año, y que se presenta
en sus variantes seco y subhúmedo. En este piso suelen
darse elementos botánicos propios de climas subtropicales,
como el palmito o el madroño, entre otros. El mesomediterráneo,
aproximadamente desde los 1.000 metros, también en
sus variantes seco y subhúmedo. Aquí suele
estar ocupado por bosques de coníferas, como pinares
o los propios pinsapares, o matorrales, procedentes en muchos
casos, de la degradación de los mismos.
El
supramediterráneo, que se suele dar entre los 1.500
y los 1.700 metros, y en el que se empiezan a dar condiciones
climáticas de bastante dureza. Los quejigos de montaña
y son moradores habituales de esta zona donde se combinan
con pastizales y piornales.
El oromediterráneo, por encima de los 1.700 metros
y que sólo se presenta en la parte más alta
de la Sierra. Dominan en él los piornales, formaciones
arbustivas y matorrales muy adaptadas a las especiales condiciones
extremas del clima en estas altitudes, como son el viento,
el frío, la fuerte insolación o la escasez
de agua en el suelo.
Sin embargo, al objeto de facilitar la identificación
y reconocimiento de las mismas por posibles visitantes no
muy expertos en cuestiones botánicas, a continuación
se realiza un repaso, ni mucho menos exhaustivo, por las
principales especies vegetales que pueden encontrarse en
la Sierra de las Nieves, agrupadas según el porte
que las mismas suelen alcanzar. Muchas de estas especies
son también citadas y ubicadas en el capítulo
de las diferentes unidades ambientales presentes en la Reserva
por lo que también puede consultarse ese apartado
para completar información.
De cualquier forma, dada la enorme riqueza botánica
de la Sierra de las Nieves, cuya descripción no es
el objeto principal de esta guía, se recomienda para
los más interesados en esta materia la utilización
paralela de guías específicas que permitirán
un mayor conocimiento y mejor identificación de las
especies que aquí se citan.  |